Archive for November, 2006
Yo pecador
He pecado.
Durante varias semanas y meses, me hice a la idea de que mi computadora no se llevaba bien con Linux. Y me forcé a usar MacOS. Más por obligación que por gusto. Me retiré un rato de Debian, argumentando que le pondría más atención a otras cosas como la escuela o el trabajo. Llegó un momento en el que me volví el novio favorito de la piratería: Me coquetaba a cada rato, lo que quería lo bajaba con un torrent con el cliente propietario de BitTorrent. Usaba Apple Mail. Dejé las listas de Debian. Lo único que mantenía relacionado, era Planeta Linux, con mi subversion importado desde Fink en la más terrible y abominable de los emuladores de terminal que el hombre haya jamás concebido: Terminal.
Usaba Microsoft Office para ver las presentaciones tontas que mandan en cadena en la oficina. Usé Word para escribir un texto que nunca terminé y nunca mandé para Alternativa. Bajé Mathematica pirata y nunca lo pude jalar porque pedía mucha autenticación que no pude conseguir por Internet (llaves, confirmaciones, etc). Preferí software propietario a libre. Dije que Linux aún no estaba preparado para correr en un escritorio: Me disfracé, me mimeticé. Usaba Preview para ver mis PDFs y iTunes para escuchar mi música. Escuchaba podcasts con iTunes. Me adecué al software que tenía a mi alrededor y no el software se adecuó a mí, como generalmente pasa con software libre.
Y de repente volteé para atrás y vi todo lo que dejaba, lo que había hecho y lo que podía seguir haciendo. Empecé a hacer algunas cosas con Jordi que necesitaba acceso remoto a servidores. Terminal no me ayudó, ni iTerm, ni muchos otros muy pendejos proyectos similares. Me harté de los acentos en las terminales. Tato me jodía con que dejara la mierda de MacOS: Me conoce bien, aunque luego nomás le gusta hacerle a la mamada.
Y mandé todo a la chingada.
Y heme aquí otra vez. Pensando muchos proyectos más, con el Debian que siempre debí tener instalado. Peleándome con el bluetooth y con la suspensión. Con el teclado en X. Dejándolo a mi gusto. Si no me gusta algo a mi alrededor, seguramente lo puedo modificar, lo puedo poner a mi gusto. Vuelvo a la flexibilidad de Mutt, aunque ella me pregunte, "¿por qué ves así el correo?". Porque me gusta. Porque me apasiona. Porque encuentro en el software libre un mundo que ha transformado mi vida desde hace apenas casi cinco años. Porque me ha traído de los mejores amigos, de las mejores personas y de los mejores lugares que he conocido jamás en mi vida.
Estoy de vuelta y recargado. Y de no haber sido por el puto y miserable manejo que tuve con mi dominio en días pasados, ya habría empezado a disparar a diestra y siniestra.
Ahora sí: Ahí les voy, cabrones.



